Sobre mi

Nací justo antes del solsticio de invierno de 1978. Tras una infancia relativamente feliz, nutrida por un rico mundo interior, llegó una adolescencia compleja y dolorosa, marcada por la incapacidad de adaptación y la lucha constante contra un mundo que percibía profundamente hostil y contrario a mi propia naturaleza.
Todo lo que sentía, pensaba, decía o hacía —en definitiva, todo lo que yo era— no solo se consideraba ridículo o inapropiado, sino que, muchas veces, era visto como algo punible por mi entorno familiar más cercano e incluso socialmente.
En aquellos años, mi refugio fue mantener vivo mi mundo interno y evadirme mediante todo lo que podía leer sobre ciencias ocultas, mitología, esoterismo, adivinación y otras disciplinas afines.
Unos meses antes de cumplir la mayoría de edad, agotado emocionalmente, busqué ayuda. Me emancipé, empecé terapia y, más adelante, los primeros cursos. Así se inició el camino de autoconocimiento y desarrollo que sigo transitando a día de hoy.
El encuentro con las tres vías esenciales
En esos primeros años, aparecieron también mis tres grandes pasiones: el mundo de las terapias y técnicas energéticas, el mundo del chamanismo y la medicina tradicional amazónica, y el mundo oriental, a través del budismo tántrico tibetano y el tantrismo shivaíta.
Desde entonces, me he dedicado tanto al estudio y la práctica de técnicas físico-energéticas, yogas, tradiciones y filosofías (puedes pinchar aquí si quieres información más detallada), como al aprendizaje continuo de la medicina tradicional amazónica (puedes pinchar aquí para conocer más).
En 2005, durante mi estancia más larga en Iquitos (Perú), di un paso importante e inicié mi recorrido como terapeuta y formador, con los primeros cursos y sesiones individuales de Reiki Usui tradicional. Al regresar a España, en 2007, continué ofreciendo cursos de Reiki y amplié mi trabajo con gemoterapia, elixires vibracionales, masoterapia tántrica y otras técnicas.
En estos casi 28 años de práctica, estudio, investigación, viajes, enseñanzas, ceremonias, retiros y formaciones, he tenido la oportunidad de aprender de maestros y maestras muy diferentes y de acompañar a personas de todo tipo, tanto en terapias individuales como en procesos grupales, clases y formaciones. Todo ello ha configurado poco a poco no solo mi manera de ver, ser y estar en el mundo, sino también mi visión profesional, mi práctica y mi compromiso como acompañante.
Acompañar desde la energía y la presencia
Este camino me ha llevado a desarrollar un tipo de trabajo donde pongo al servicio del otro toda la sensibilidad, apertura, escucha, sostén y presencia de las que dispongo, así como mi experiencia y conocimientos. Según la naturaleza de la dificultad y la forma de ser de cada persona, ofrezco una combinación personalizada de técnicas, siempre desde el contacto directo con la energía y desde procesos holísticos de armonización y desarrollo. Es decir, procesos que abarcan todos los aspectos que conforman nuestra experiencia del “yo”: desde lo físico hasta lo psico-emocional, lo energético y lo espiritual.
Ya sea en una única sesión individual, en un proceso terapéutico (individual o grupal), o en cursos y formaciones, mi papel es siempre el mismo: respetar, facilitar y acompañar el movimiento espontáneo de la energía que se produce con cada técnica.
Los procesos de transformación basados en el contacto directo con la energía y la propia experiencia permiten ir mucho más allá de la superación de una dificultad puntual. Más allá de los efectos inmediatos de liberación y armonización —tan útiles en momentos de crisis—, este trabajo abre puertas hacia procesos internos más profundos. Siguiendo los protocolos de cada técnica, de forma espontáneamente armónica, estos procesos conducen a estados internos de mayor conexión con uno/a mismo/a. Dichos estados son la base para la apertura y percepción de las realidades energéticas donde puede darse la verdadera transformación y la toma de conciencia.
Desde las perspectivas yóguicas o chamánicas, la transformación real es un proceso gradual y cíclico de realización consciente de nuestra verdadera naturaleza interna y de la naturaleza de la realidad. Más allá del plano intelectual, implica siempre un cambio estable, un vínculo más profundo con uno mismo y con los demás, así como una nueva forma de percibir —y, por tanto, de experimentar— la realidad.


